Dejarlo
todo por Cristo no quiere decir abandonar nuestras posesiones
y amigos para irnos de peregrinos, ni que debemos partir con todas
nuestras posesiones para poder ser discípulos de Cristo.
Renunciar a todo lo que poseemos, tampoco es un trueque o un intercambio
-dar todas las cosas terrenales a cambio de la vida eterna-.
Desafortunadamente,
mucha gente cree que renunciar a todo por Cristo es entregar todas
las cosas terrenales a cambio de obtener cosas celestiales. Esto
no es de ninguna manera lo que significa Lucas 14:33.
¿Qué
es lo que realmente significa abandonar todo por Cristo?
Renunciar
a todo lo que poseemos por Cristo, implica un cambio radical de
corazón, esto es, dejar el egoísmo por la benevolencia.
En otras palabras “abandonar todo” quiere decir abandonar
sin excusa alguna todos los intereses egoístas como el
objetivo principal de tu vida.
Dejar
todo por Jesús es una rendición absoluta de una
vez y para siempre de los intereses egoístas y la gratificación
personal como la meta de nuestra vida.
Renunciar
a todo por seguir a Cristo significa entrar en la visión,
en las intenciones y en los diseños de Jesús para
promover la gloria de Dios y los intereses de Su reino.
Abandonar
todo por Cristo te pide inevitablemente dejar el principio de
ser dueño de ti mismo. Los pecadores actúan siempre
bajo el principio de que son dueños de sí mismos.
Insisten en su derecho a disponer de su persona como les plazca
sin tener que dar cuentas a Dios o al hombre. Cristo aborrece
esta manera de actuar. Él les niega el derecho a disponer
de sí mismos y los reclama para Él porque en primer
lugar fueron creados por Él y luego fueron redimidos por
Su sangre. Cristo, por lo tanto, insiste en que los pecadores
dejen de contender, en teoría o en práctica, acerca
de que se pertenecen a sí mismos y tienen el derecho de
disponer de ellos como les plazca.
Dueños
o Mayordomos
Dejarlo
todo por Cristo también implica renunciar a reclamar la
pertenencia de cualquier cosa. Esto significa que reconoces que
verdaderamente no tienes nada que puedas llamar propio, que todo
es de Dios y que tú eres solamente su mayordomo.
Dejarlo
todo trae como consecuencia un reconocimiento de corazón
y en la práctica del principio de la mayordomía
universal: Que todo lo que tienes y eres, tu ser, tu vida, salud,
cuerpo, alma, tiempo, tus posesiones y tus amigos, son considerados
y utilizados por ti de la manera más provechosa, porque
pertenecen a Dios. Como su mayordomo en todo, le entregas cuentas
estrictas e imparciales. Esto quiere decir que tú realmente
sientes todas tus posesiones como si fuesen de Dios y que no tienes
derecho a disponer de ellas sino según su voluntad. Debes
sentir eso, así se trate de una granja, de una casa o de
cualquier otra propiedad de la cual poseas un título. Te
consideras a ti mismo en posesión de éstas cosas
sólo como un administrador.
Supón
que has vendido tu granja o tu casa; las escrituras han sido entregadas
y registradas. A ti se te ha permitido quedarte hasta que el dueño
venga o envíe a alguien a tomar posesión. En tal
caso entenderías muy bien como deberías considerar
la propiedad. Si eres una persona honrada, tú no pensarías
en venderla o en disponer de algo de ella, sino por el contrario,
en conservarla en el mejor estado para su dueño. En cualquier
momento que apareciera o enviara a alguien a tomar posesión,
no pensarías en oponerte a su derecho de tomar posesión,
pues es suya. Todo el tiempo pensarías, “Esto no
es mío”. Esta mentalidad tendría siempre un
peso muy especial en tu conducta. Estarías esperando entregar
la propiedad en cualquier momento que te lo pidiera el dueño,
sin discutir, ni resistir.
Un
Cambio Radical de Manera de Pensar
Dejar
todo por Cristo implica, en esencia, una manera de comportarse
de acuerdo a esta mentalidad que he explicado. Es una mentalidad
en la cual tú no pensarías más en disponer
de las cosas que posees sin consultar primero a Dios, y quedando
satisfecho con respecto a Su voluntad sobre el asunto, así
como tampoco pensarías en ir y disponer de los bienes de
tu prójimo sin consultarlo. La persona que deja todo, según
el sentido del versículo que estamos estudiando, siente
con respecto a su prójimo, que sus posesiones son suyas,
pero refiriéndose a Dios, su sentimiento práctico
y consciente es que estas cosas no son suyas, que no tiene derecho
a disponer de ellas, sino según la voluntad de Dios. Exactamente
como tampoco puede disponer de las cosas de su prójimo.
Intenciones
Correctas
Abandonar
todo para seguir a Jesús, significa hacer todo esto por
amor a Dios, y no, como he dicho antes, por un principio de trueque
o “intercambio”. Debe ser hecho en el mismo espíritu
en el cual una esposa que ama a su marido abandonaría todo
lo que tiene y lo seguiría al exilio por amor a él,
y no porque esperara recibir honores o un premio.
Renunciar
a todo lo que poseemos por Cristo debe de hacerse con gozo, no
como algo forzado. No debes considerar el dejar todo por Jesús
como el menor de dos males, sino como aquello que es correcto,
justo, útil y deseable en sí mismo. Es estrictamente
justo porque en realidad nada es tuyo, sino que sólo eres
administrador de todas tus posesiones. Es por lo tanto, realmente
un asunto de estricta justicia el que tú abandones todo
lo que tienes en el sentido que se ha explicado hasta aquí.
Hazlo porque es lo justo y lo correcto, y por amor a la justicia
(no por temor al castigo si no lo haces). Renunciar a todo lo
que poseemos para seguir a Jesús implica tú completa
consagración a Dios y la de todo lo que tienes y eres:
Nada menor a esto está implícito en el versículo
que estamos estudiando.
¿Quién
es un Verdadero Discípulo de Cristo?
Un
discípulo es un alumno. Ser un discípulo de Jesucristo
es ser su alumno y tenerlo a Él como maestro. Ser un discípulo
de Cristo es ser un cristiano, un seguidor de Cristo, alguien
dedicado a Sus intereses, uno que abraza Sus principios, que cree
Su doctrina y sigue Su ejemplo.
Ser
un discípulo de Cristo y recibir su divina enseñanza
es una condición expresa e indispensable para la salvación.
La doctrina de la indispensable necesidad de las enseñanzas
del Espíritu Santo para la salvación del alma es
enseñada abundantemente en toda la Biblia; tan abundantemente
que no necesito quitarte tu tiempo citando textos que lo comprueben.
Las
palabras que expresan verdades espirituales son figurativas, y
a no ser por la influencia del Espíritu Santo, no captaríamos
su verdadero significado. Una mente egoísta puede entender,
y entiende lo suficiente como para convencerse de pecado y sentirse
condenada. Entiende también lo suficiente para hacer que
su mente obedezca a Dios aceptablemente. Pero como el hombre no
regenerado no tiene ninguna disposición de obedecer a Dios,
no entiende ni entenderá lo suficiente de la verdad divina
para que lo induzca a cambiar su corazón sin las enseñanzas
del Espíritu Santo. Por eso es necesario ser enseñados
por Cristo.
¿Por
qué Renunciar a Todo es una Condición para ser Discipulado?
La
Biblia enseña claramente que dejarlo todo es una condición
indispensable para ser un discípulo. Estudia el texto:
“cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee,
no puede ser mi discípulo”. (Lc. 14:33) Mira la naturaleza
del caso. Nada menos que esto es conversión o regeneración.
La regeneración o nuevo nacimiento consiste en renunciar
al egoísmo y vivir para hacerle el bien a los demás
desinteresadamente. La regeneración es una profunda transformación
del corazón. Nada menos que esto es virtud, porque nada
menor que esto es correcto. Un hombre no ha hecho lo correcto
mientras no haga todo lo que la justicia demanda. La justicia
de Dios requiere la completa renuncia de nuestros intereses egoístas
como meta principal de la vida. Requiere la sincera y completa
consagración a Dios de uno mismo y de todo lo que tenemos.
Hasta que una persona ha hecho esto, en ningún sentido
ha hecho lo correcto. Antes bien, es alguien deshonesto, un defraudador,
alguien que roba a Dios, y no hay ni puede haber una sola partícula
de virtud en él.
Completa
Rendición: ¿Una Opción?
Dejarlo
todo es naturalmente indispensable para la salvación. La
principal idea de la salvación es la santidad. Un ser humano
no puede ser ni santo, ni feliz, sin dejarlo todo en el sentido
en el que he explicado hasta aquí. Sin esto no puede estar
en paz con Dios, ni consigo mismo. Es lo que Dios pide y lo que
su conciencia le demanda, y hasta que lo haga será imposible
que pueda tener paz.
Malinterpretando a Cristo
Abandonarlo
todo es indispensable para poder recibir enseñanza divina.
Renunciar al egoísmo como regla de vida, y entrar en un
estado de completa consagración al servicio de Dios son
naturalmente indispensables para tener un entendimiento correcto
de la visión de Cristo, así como de sus sentimientos
e instrucciones. Debe haber similitud en los puntos de vista,
sentimientos y experiencias de dos personas, de otra manera no
se podrán entender adecuadamente.
Si
tú eres egoísta y Dios es supremamente benevolente,
tus puntos de vista, sentimientos y estado mental son tan contrarios
a Él que será imposible que lo comprendas. Siendo
egoísta, todos tus hábitos de pensar y razonar así
como tu comprensión del lenguaje, estarán de acuerdo
con el estado de tu corazón. ¿Cómo, pues,
vas a entender el lenguaje de alguien cuya mentalidad es en todo
exactamente opuesta a la tuya?
¿No
te llama la atención, que tan pronto como una persona tiene
una genuina conversión, la Biblia [que antes había
sido letra muerta para ella] de repente viene a ser clara y sencilla?.
Lo que antes leía sin ningún interés y sin
entendimiento, ahora parece ser todo nuevo, claro y glorioso.
Tal persona se maravilla de que la Biblia nunca le había
parecido así antes. Este es el resultado de estar en un
estado mental similar al del Autor de la Biblia. Cuando alguien
nos habla en nuestro idioma, y sobre un asunto en el que estamos
de acuerdo, le entendemos con mucha facilidad. Pero si estamos
en un estado mental opuesto, casi invariablemente lo malinterpretamos.
Por
qué Muchos no Estudian con Seriedad la Biblia
Sin
estar en un estado mental como el que se ha explicado, Cristo
no puede enseñarte, pues tú no estudiarías.
Es en vano tratar de instruir a una persona, si no va a sujetar
su mente a la investigación y consideración cuidadosa
de un tema. Por lo tanto, a menos que abandones radicalmente tu
egoísmo y comprometas tu alma y tu corazón con Cristo
para construir Su reino, no tendrás interés en Su
intención de motivarte para que concentres tu mente en
el estudio y entendimiento de los medios por los cuales se pueden
lograr Sus metas.
Por
qué Muchos Leen Pero No Entienden
A
menos que: “Renuncies a todo lo que posees” Jesús
no puede enseñarte porque no serías sincero. Lo
que Él diga no sería recibido por ti con honestidad,
sencillez y genuina disposición de conocer la verdad. Sin
un estado mental adecuado no serías diligente en buscar
el significado de lo que Él te dijera y tampoco entenderías
las doctrinas de negarse a uno mismo que Él enseña.
Sin la mentalidad de negarse a uno mismo, en la cual se renuncia
a todo lo que tenemos y se abandona cualquier forma o grado de
egoísmo, naturalmente no entenderemos este tipo de doctrinas
que enseñó Cristo. Sin este estado mental necesariamente
te vas a resistir cuando las palabras de Jesús reprendan
tus prejuicios, tu egoísmo y tu lujuria. Las doctrinas
de la cruz no pueden ser recibidas sin el espíritu de sobrellevar
la cruz. Por lo tanto, una actitud y disposición para tomar
la cruz es siempre indispensable para ser discipulado por el Espíritu.
Consagración
Total: El Precio del Discipulado
No
tenemos derecho a decirnos discípulos de Jesús,
ni a pedir que Dios nos enseñe, a menos que vivamos en
un estado de completa consagración a Él. Esta es
la condición expresa del discipulado. La Biblia presenta
invariablemente el principio de la verdadera fe cristiana como
un acto de completa consagración. Se habla de ella en la
Biblia como un cambio radical del carácter moral, un cambio
de corazón o como un nuevo nacimiento. La naturaleza del
caso, muestra que nada menos que esto puede ser virtud u obediencia
a Dios.
Tú
estás tentando a Dios cuando te dices discípulo
y no posees ese estado mental que es la condición expresa
e indispensable para ser discipulado. Tú tientas a Dios
cuando pides enseñanza divina, o le pides a Cristo que
sea tu maestro, a menos que estés cumpliendo con la condición
con la cual puedes llegar a ser Su discípulo.
Ciertamente
Jesucristo tiene derecho de establecer sus propias condiciones.
De hecho está moralmente obligado a hacerlo. Tratándose
del discipulado, tanto la justicia como la naturaleza del caso
hacen tal condición indispensable. Sería un insulto
para Él que se le pidiera enseñanza y guianza divina,
y derecho de ser Su discípulo, cuando en realidad no llenas
la condición expresa del discipulado. ¿Tenemos derecho
de aferrarnos a nuestro egoísmo, de vivir en cualquier
forma de pecado, de rechazar sus condiciones y aún así
pedirle ser Sus discípulos y buscarlo para que nos enseñe,
como si estuviésemos cumpliendo sus condiciones? Claro
que no tenemos derecho y cualquier esperanza de darle la vuelta
a esto es vana.
Para
Jesús, todas las confesiones de ser su discípulo
sin tener una completa consagración son tremendamente aborrecibles
y deshonestas. A tales personas Él les dice: “Ojalá
fueras frío o caliente. Pero por cuanto eres tibio, y no
frío ni caliente, te vomitaré de mi boca”
(Ap. 2:15-16).
El
que tiene un corazón dispuesto a renunciar a todo por Cristo,
lo hará tan pronto tenga la ocasión. Por otro lado,
si tiene la disposición a negarse a sí mismo, se
negará en hechos concretos, cuando Cristo y sus intereses
egoístas entren en competencia. Es un error fatal enseñar
que algo menos que un estado de completa consagración a
Dios es haber nacido de nuevo. Si un estándar más
bajo es admitido por los maestros del cristianismo como verdadero
cristianismo, esto llevará inevitablemente a la iglesia
a la destrucción.
Continuar
en tu primer amor o sea, en un estado de absoluta entrega o consagración
a Dios, es indispensable para que Dios te siga enseñando.
Recuerda, te ruego, ¡qué ésta es la expresa
condición para que puedas esperar que Cristo te instruya!
Por lo tanto, a menos que continúes en dicho estado, cumpliendo
ésta condición cada día, cada hora, no tienes
derecho a ir a Jesús esperando ser enseñado por
Él. Si lo esperas no lo recibirás.
Cuando
Dios no Responde a la Oración
Si
oras pidiendo la instrucción del Espíritu Santo,
no recibirás su influencia a menos que vivas de acuerdo
a este divino precepto, obedezcas toda la luz que tienes, y vivas,
por lo tanto, en estado de completa consagración.
¿Comprendes
por qué tan pocos disfrutan la continua enseñanza
del Espíritu Santo? ¿Por qué oran tan a menudo
para que el Espíritu Santo les enseñe y no son instruidos
por Él? ¿Por qué ustedes, mis hermanos, piden
a menudo el Espíritu Santo y oran por la guianza y enseñanza
divina y no reciben lo que piden? Yo les puedo decir: Es porque
no cumplen con la única condición con la cual recibirían
Su influencia. Están tolerando alguna forma de egoísmo
en sus vidas. No han renunciado realmente a todo lo que tienen.
Si lo hicieran se podrían acercar a Cristo en cualquier
momento con la seguridad de que les enseñaría. Pero
como están las cosas, Él les dice: “¿Por
qué me llamáis, Señor, Señor, y no
hacéis lo que yo os digo?” (Lc. 6:46) ¿Por
qué me llaman maestro y vienen a Mí a ser instruidos,
si no cumplen con las claras condiciones sobre las cuales Yo he
prometido enseñarles?”
Cada
vez que ores pidiendo enseñanza divina, debes tener presente
esto: ¿Vives cumpliendo la condición de manera que
tengas derecho a pedir Su instrucción?
El
camino a la Incredulidad
Muchas
personas viven en egoísmo, están plenamente conscientes
de que no viven en un estado de completa consagración,
y sin embargo, siguen orando para pedir enseñanza divina
como si cumplieran esta condición. Algunas veces se engañan
a sí mismos pensando que son enseñados por Cristo,
cuando realmente sólo se están entreteniendo con
sus propios engaños o siguiendo las sugerencias de Satanás.
En otras ocasiones oran a menudo para que Dios les enseñe,
conscientes de que no reciben lo que piden, se desaniman y piensan
que la oración sirvió de poco. Dudan que las promesas
de Cristo signifiquen lo que dicen. Al hacer todo esto pasan por
alto que hay una condición expresa para estas promesas.
En el texto que estamos analizando, y en multitud de pasajes similares,
esto es obvio y fácil de entender. Pero no lo cumplen.
¿Ves
ahora por qué se entiende tan poco la Biblia, aun en la
iglesia cristiana? ¿Cómo pueden entender la Biblia
sin el Espíritu de Dios? ¿Y cómo pueden tener
el Espíritu Santo sin estar en un estado de completa consagración?
En otras palabras, sin vivir de la mejor forma, en todos los aspectos,
según la luz que tienen. Cuando hayas obedecido una verdad
Cristo te enseñará otra. ¿De qué le
serviría continuar enseñándote si rehúsas
obedecer lo que ya te enseñó?
Ministros
sin Guianza del Espíritu
Puedes
darte cuenta por qué tan pocos llegan a ser versados en
el estudio profundo de la Biblia. Si los jóvenes que estudian
la Biblia, o los ministros de cualquier edad, se niegan a cumplir
las condiciones y se rehúsan a vivir en estado de completa
consagración a Dios, no pueden ni jamás podrán
disfrutar de la enseñanza del Espíritu. Obviamente
progresarán muy poco en el entendimiento de la Biblia.
Ahora
puedes ver por qué ministros están tan perdidos
en cuanto a saber qué enseñar. Parece que se encuentran
en oscuridad, desinteresados, y les cuesta trabajo prepararse
para el púlpito. Si vivieran en un estado de completa consagración,
sus sentimientos serían lo contrario de todo esto. Disfrutarían
la continua enseñanza de Jesús. Alimentarían
continuamente a la iglesia con conocimiento y sabiduría.
De su interior, como dijo Cristo, correrían ríos
de agua viva.
Podemos
entender por lo anterior que injusticia tan grande comete un ministro
contra Cristo y contra la iglesia a la que ministra, si no vive
en estado de completa consagración a Dios. Supongamos que
una iglesia tiene un ministro, el cual en lugar de vivir de tal
manera que pueda ser enseñado por Dios se complace en el
egoísmo, en sus apetitos y lujuria, y por lo tanto se priva
de la enseñanza de Cristo. ¡De qué forma pone
en peligro a las almas! ¡De qué forma tan grande
deshonra a Dios!
Tentando
a Dios
¿Cuánta
de esta oración para pedir la influencia del Espíritu
Santo realmente es tentar a Dios y una burla a Su Nombre? Imagínate
a un grupo de gente egoísta que se dicen cristianos. Se
juntan para una reunión de oración. Tal vez cada
uno de ellos está plenamente consciente que no esta viviendo
de acuerdo a la luz que recibe, que no ha renunciado a todo lo
que posee y que no vive en un estado de completa consagración
a Dios. Bueno, ¿para qué se reunieron? Para orar,
pedir enseñanza divina, y un derramamiento del Espíritu
Santo sobre ellos y sobre otros. ¡Claro! ¿Y no es
esto tentar a Dios? Deberían recordar la palabra del Señor
en Ezequiel 14:3, “Hijo de hombre, estos hombres han puesto
sus ídolos en su corazón, y han establecido el tropiezo
de su maldad delante de su rostro. ¿Acaso he de ser yo
en modo alguno consultado por ellos?”
Un
Estándar Falso de Cristianismo
Mira
ahora a estos mismos que se dicen cristianos, que oran diariamente
en el altar familiar pidiendo enseñanza divina, pero no
tratan de vivir, ni por un solo día, en completa consagración
a Dios. ¿Para qué hacen esas oraciones? ¿Por
qué confían en la misericordia y en la influencia
del Espíritu Santo para instruirlos? Yo contesto: Porque
ellos mismos no han sido instruidos en que un estado de completa
consagración es una condición indispensable para
ser un discípulo de Cristo. Porque en lugar de esto, lo
que han aprendido es que vivir en un estado de completa consagración
a Dios es algo difícil de obtener en nuestra vida y por
lo tanto, siguen viviendo arrastrándose hacia la muerte
y el infierno, asustados por la doctrina de la completa consagración
a Dios en esta vida, pues seguramente esto es algo completamente
inconsistente con su experiencia. Pero ¿cómo podrán
tener una experiencia diferente, a menos que los que enseñan
la Biblia despierten y comiencen a vivir en un estado de completa
consagración ellos mismos? Y como consecuencia insistan
en la consagración total como la gran condición
indispensable del discipulado.
Ahora,
amado, ¿no es asombroso que teniendo el versículo
que hasta aquí hemos estudiado, y otros similares, la iglesia
insista tan poco en que un estado de completa consagración
es algo indispensable?
Ídolos
en el Corazón: Morir al Egoísmo
Renunciar
a todo lo que tienes y morir al egoísmo es indispensable
para poder gozar de Dios y de Cristo. Una esposa disfruta la compañía
de su esposo en la proporción en la que su corazón
está inmerso en el de él. Su presencia no es un
gusto para ella si no lo ama. Si tiene otros amantes, la presencia
de él no es más que una molestia para ella. Es igual
contigo. A menos que estés supremamente dedicado a Cristo,
Su presencia será sólo una molestia para ti.
¿Te
das cuenta por qué Él corta cualquier dependencia
de algún ídolo? Él te cela con celo santo.
Si Él te ve apostatar e ir en pos de ídolos o de
otros deseos, Él a menudo, intervendrá y los quitará
de tu camino.
El
Camino de la Salvación
La
doctrina de la consagración total no es una doctrina nueva.
Es tan antigua como la Biblia misma, como la verdadera piedad.
Los
inconversos saben ahora lo que tienen que hacer para ser cristianos.
Deben renunciar a su egoísmo y volverse suprema y desinteresadamente
personas dedicadas a hacer el bien sirviendo a Dios. Deben cambiar
su corazón, renunciar a todo lo que poseen y consagrar
su todo a Cristo.
Rehusarte
a hacer esto, o dejar de hacerlo, es continuar en un estado de
injusticia y rebelión contra Dios. Es rehusarse a rendirle
a Dios lo que Le pertenece. Es negarse a volverse una persona
honesta, a hacer lo correcto porque es correcto. Hasta que hagas
esto Dios no puede y no debe perdonarte.
Y
déjame recordarte una vez más, que cuando vas a
Dios en oración para ser oído, debes ir consciente
de que cumples esta condición. Recuerda que: “...si
nuestro corazón nos reprende, mayor que nuestro corazón
es Dios, y Él sabe todas las cosas. Amados, si nuestro
corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios; y cualquiera
cosa que pidiéremos la recibiremos de él, porque
guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables
delante de él. Y este es su mandamiento: Que creamos en
el nombre de su Hijo Jesucristo, y nos amemos unos a otros como
nos lo ha mandado” (I Jn. 3:20-23).
Por
lo tanto, acuérdate de cumplir con la condición
para que puedas disfrutar la enseñanza de Cristo. A menos
que seas su discípulo, tú no puedes ser salvo. Y
no puedes ser su discípulo a menos que: “renuncies
a todo lo que posees”.
*
Esta es una traducción adaptada. Los subtítulos
y énfasis son de los editores. El título original
es: “Entire Consecration: A condition of discipleship”
por Charles G. Finney. Tomado del libro Principles of Consecration.
Compilado por L.G. Parkhurst, Jr. (Minneapolis: Bethany House
Publishers, 1990).