El
pueblo de Dios debe estar consciente de que es su responsabilidad
personal, analizar que las enseñanzas que esté recibiendo,
ya sean en su congregación, en una campaña evangelística,
o en un evento especial, sean 100% Bíblicas. No importa
que tan famoso sea un evangelista, ni que tan hermoso se oiga
el mensaje de un pastor, necesitamos revisar nuestras Biblias
para comprobar que el alimento espiritual que recibimos no sea
una mezcla de errores y verdades. Fue Jesús quien dijo:
“Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará
libres” [Juan 8:32], pero recordemos que cuando la verdad
contiene 50% de mentira ya no es la verdad, sino un error bien
disfrazado.
Toda aquella persona sincera que está buscando crecimiento
espiritual, libertad del pecado y la opresión; paz y comunión
profunda con Dios, y que no está obteniendo resultados,
debería comenzar por revisar que tipo de mensajes está
escuchando. Es posible que en muchos casos estemos oyendo a algún
falso profeta que está minando sutilmente nuestra vida
espiritual, cuando estamos deseando tener un verdadero avivamiento
personal en nuestras vidas. Debemos tener especial cuidado con
aquellos predicadores que con hermosos y floridos mensajes nos
hacen sentir bien, cuando en realidad deberían estar señalándonos
nuestros pecados y errores, para nosotros poder quitar lo que
estorba en nuestra relación con Dios.
La Biblia enseña que reconocer a un falso maestro no es
tarea fácil: suelen ser amables, sonrientes y de apariencia
bonachona. Mateo 7:15 dice que parecen cristianos, y hablan mucho
de las cosas de Dios. Ezequiel 13:10 enseña que suelen
prometer a la gente muchas bendiciones, y Lucas 6:26 nos explica
que son muy populares con la gente. Esto precisamente, porque
evitan predicar claramente contra el pecado. Recordemos también
que los falsos ministros operan dentro de las iglesias; No fuera
de ellas y Jesús dijo que en los últimos tiempos
habría muchos de ellos engañando a la gente [Mateo
24:24]. ¡Y cómo no van a engañar a la gente!
Pues si hacemos un resumen de lo anterior, nos daremos cuenta
que los falsos líderes no son gente extraña, o desequilibrada
mentalmente, sino amable, popular, con apariencia perfecta de
cristianos y que aparte prometen grandes bendiciones a todos.
¡Son gente muy agradable!
Leamos la descripción que de ellos hace Juan Wesley, uno
de los más reconocidos maestros cristianos de todos los
tiempos y una autoridad en cuanto al tema:
“Otra
clase hay: la de los hombres bonachones, que llevan una vida fácil,
no haciendo daño a nadie, quienes no se molestan con el
pecado exterior, ni con la justicia interior; hombres que no se
hacen notables, ni de un modo ni de otro, ni a favor ni en contra
de la religión; cuya vida es muy regular tanto en público
como en privado, pero que no pretenden ser más estrictos
que sus prójimos. Un ministro de esta clase, no sólo
uno o unos cuantos de los mandamientos muy pequeños de
Dios, sino también todas las virtudes mayores y de más
peso de la ley, que se refieren al poder de la piedad, y todas
las que requieren que conservemos en temor todo el tiempo de nuestra
peregrinación; que nos ocupemos de nuestra salvación
con temor y temblor; que tengamos siempre nuestros lomos ceñidos,
nuestra lámpara ardiendo; que porfiemos o agonicemos “a
entrar por la puerta angosta”. [Lc. 13:24] Y así
enseñar a los hombres con todo el ejemplo de su vida; con
el tenor general de su predicación, la que por lo general
tiende a lisonjear en su sueño agradable a los que se imaginan
que son cristianos, y no lo son; a persuadir a todos los que están
bajo su ministerio a seguir descansando y durmiendo. Nada extraño
será por consiguiente, que tanto él como los que
le siguen despierten juntos en las llamas eternas.”
“Sermones”,
Juan Wesley, Casa Nazarena de Publicaciones, Tomo II, Kansas E.U.A.,
1984]
Juan Wesley enseña que un falso profeta como el allí
descrito, llevará a la condenación eterna a sus
oyentes, y si lo analizamos bien, tiene lógica; pues los
mensajes tibios suelen producir que la gente tome a la ligera
el pecado, y eso por naturaleza lleva a una vida de inmoralidad
y libertinaje. ¡Qué peligroso!
Nuestro sincero deseo y oración es que Dios le dé
discernimiento espiritual a todos nuestros lectores en estos tiempos
difíciles, para que dejen de escuchar a cualquier persona
que caiga en la categoría de un falso profeta.
Esperamos que el Espíritu Santo utilice a nuestro hermano
David Wilkerson en su mensaje titulado, “Los profetas de
la comodidad” para darnos una base sólida y Bíblica
para adquirir este discernimiento tan importante para la salud
eterna de nuestras almas.
A
t e n t a m e n t e. Los Editores
LOS
PROFETAS DE LA COMODIDAD
Por:
David Wilkerson
Introducción
Ezequiel
se enfrentó solo contra todos los falsos profetas de Israel.
Estos profetas no estaban predicando el mensaje de rectitud moral
y de juicio inminente. En vez de esto, ellos profetizaban que
era de paz, comodidad y prosperidad.
Ezequiel 13 es la palabra de Jehová contra aquellos predicadores
y profetas que apapachaban a las personas con mensajes agradables
a la carne, que decían eran del Señor. Sus palabras
fueron maquinadas para hacer al pueblo de Dios sentirse cómodo
en momentos en que más bien, el pueblo se enfrentaba a
un juicio inminente de parte de Dios.
Ezequiel se encontraba horrorizado al ver a los profetas que habían
desarrollado un arte de hacer al pueblo de Dios sentirse cómodo.
El Señor dijo: “Cualquier hombre de la casa de Israel
que hubiere puesto sus ídolos en su corazón, y establecido
el tropiezo de su maldad delante de su rostro, yo Jehová
responderé, ya que se han apartado de mí todos ellos
por sus ídolos” [Ez. 14:4-5]
La verdadera palabra del Señor era: “Hijo de hombre,
come tu pan con temblor, y bebe tu agua con estremecimiento y
con ansiedad. Y di al pueblo de la tierra: su tierra será
despojada de su plenitud, por la maldad de todos los que en ella
moran. Y las ciudades habitadas quedarán desiertas, y la
tierra será asolada; Porque no habrá más
visión vana, ni habrá adivinación de lisonjeros…”
[Ez. 12:18-24].
Mientras Ezequiel estaba llamando al pueblo a la humildad y al
arrepentimiento, tratando de preparar al pueblo de Dios para los
juicios que pronto vendrían, estos profetas de la comodidad
profetizaban los sueños e imaginaciones de sus propios
corazones. Dios no les había hablado, y aún así
ellos introducían sus profecías diciendo: “Escuchad
lo que dice el Señor…” Dios dijo: “Ha
dicho Jehová, y Jehová no los envió”
[Ez. 13:6] YO NO LOS ENVIE. ELLOS NO HABLAN POR MI.
Parecía
que cargaban con ellos almohadas cómodas para ponerlas
bajo cada codo de aquellos que les seguían para oír
sus falsas profecías. Ellos ponían “velos
mágicos” sobre las cabezas de cada uno de sus discípulos,
esto significaba que ellos les estaban declarando a otros: -Muy
buenos tiempos están por delante. No veremos sino paz y
lujo-.
Ezequiel les habló fuertemente la palabra de Dios cuando
las multitudes se congregaban a oír las palabras placenteras
y agradables de los falsos profetas.
“y
ven para ella visión de paz, no habiendo paz, dice Jehová
el Señor…” [Ez. 13:16].
“andan
en pos de su propio espíritu, y nada han visto” [Ez.
13:3].
Igual
que en los tiempos de Ezequiel, es ahora
¡Los
profetas de la comodidad están todavía entre nosotros!
Ellos hablan acerca de la palabra de Dios, acerca de profecía,
y sazonan sus suaves mensajes con mucha Escritura. Pero hay una
falsedad en lo que ellos predican. No están predicando
la cruz, la santidad y la separación. No hacen demandas
a los que los escuchan. Muy pocas veces hablan de pecado y de
juicio. Aborrecen el solo mencionar el tema de sufrimiento y dolor.
Para ellos, los héroes de la fe del libro de los Hebreos
fueron cobardes, sin fe y perdedores sin dinero, quienes tenían
miedo a -reclamar sus derechos-.
Tal como los profetas de la comodidad de Israel, su único
deseo es promover estilos de vida lujosa y hacer a las personas
sentirse cómodas en su búsqueda de la buena vida.
Ellos no están hablando de parte de Dios.
Todo
lo que ellos están haciendo es hacer sentir cómoda
a la gente en sus pecados. Con razón las multitudes se
congregan para sentarse a escuchar sus mensajes. Estos mensajes
no son el llamado de Cristo para negarse a uno mismo y tomar la
cruz.
¿Cómo
diferenciamos a un falso profeta, de un verdadero seguidor de
Dios?
¿Cuál
es la diferencia entre los profetas de la comodidad, y los verdaderos
profetas de Jehová? El creyente que no conoce la diferencia,
está en un terreno peligroso. Con tantos que andan por
ahí reuniendo enormes congregaciones, es imperativo tener
discernimiento del Espíritu Santo. Los profetas que están
confundiendo a la gente deberán ser confrontados y expuestos
por la verdad. La mayoría de ellos se ven y se oyen sinceros,
hombres de Dios, amantes de la Biblia. Pero el Señor ha
dado a su pueblo pruebas infalibles para probar lo que es verdadero
y lo que es falso. Debemos probar cada hombre y cada mensaje a
través de toda la Palabra de Dios.
Permíteme llamar tu atención a tres características
de un verdadero profeta de Dios.
I.
Un verdadero hombre de Dios vive consumido por una visión
del Señor Jesucristo
Un
verdadero ministro está tan sumergido, tan profundamente
dirigido y capacitado por esa hermosa y gloriosa visión,
que no puede hablar de nada más. Él predica todo
el consejo de la Palabra de Dios –siendo Cristo glorificado
en todo-. “Porque no he rehuido anunciaros todo el consejo
de Dios” [Hch. 20:27].
Dios dijo de los falsos profetas: “¡Ay de los profetas
insensatos, que andan en pos de su propio espíritu, y nada
han visto!” [Ez. 13:3].
Aun de Moisés se escribió: “Por la fe dejó
a Egipto, no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo como viendo
al Invisible” [He. 11:27].
Jesús dijo de Abraham: “Abraham vuestro padre se
gozó de que había de ver mi día; y lo vio,
y se gozó” [Jn. 8:56].
Esteban tuvo una gloriosa visión de Él. “Y
dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre
que está a la diestra de Dios” [Hch. 7:56].
Ananías dijo a Pablo: “El Dios de nuestros padres
te ha escogido para que conozcas su voluntad, y veas al Justo,
y oigas la voz de su boca” [Hch. 22:14].
A sus propios discípulos, Jesús dijo: “Todavía
un poco, y el mundo no me verá más; pero vosotros
me vereís” [Jn. 14:19]
Lo
que cada uno de estos hombres de Dios tenían en común
fue una vida controlada por la visión de Cristo el Señor.
Cristo fue su más grande y único motivo de vivir.
Ellos vieron a Cristo a través del ojo de la fe.
Moisés voluntariamente dejó la comodidad y la prosperidad
de Egipto para sufrir privaciones en un desierto, porque él
había sido transformado y perfeccionado por una visión
de Cristo. Nada más le importaba, ni aun su sueño
de convertirse en el gran libertador. Él vio más
allá de cualquier ambición humana. El se apartó
de todo lo que era terrenal porque había visto a Cristo.
El pudo soportarlo todo, porque nada en la tierra podía
compararse con lo que sus ojos espirituales contemplaron.
Abraham se volvió totalmente apartado de este mundo y voluntariamente
llegó a ser un extranjero en la tierra, porque sus ojos
estaban puestos en la ciudad cuyo arquitecto constructor es Dios
[Ver Hebreos 11:9-10]. Pero sobre todo él había
visto una visión de Cristo en su trono en aquella Santa
Ciudad. Nunca volvió a tener puesta su atención
en las cosas terrenales o temporales. Su fe era edificada sobre
su continua visión de Cristo. El se regocijaba y estaba
contento, porque tenía sus ojos puestos en lo invisible,
lo eterno, ¡Cristo!
Desde el momento en que Pablo le vio todo lo demás aquí
en la tierra se convirtió en basura [estiércol,
en el griego original] para él. Desde el momento en que
Cristo fue revelado en él, Pablo determinó no saber
de nada más entre los hombres sino su Señor. “Pero
cuantas cosas eran para mi ganancia, las he estimado como pérdida
por amor de Cristo. Y ciertamente, aún estimo todas las
cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de
Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he
perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser
hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por
la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es
de Dios por la fe; a fin de conocerle, y el poder de su resurrección,
y la participación de sus padecimientos, llegando a ser
semejante a él en su muerte” [Fil. 3:7-10].
Él
alegremente soportó trabajos, naufragios, que lo apedrearan,
azotes, privaciones y cárceles. Ninguna de estas cosas
lo movieron de su fe porque él se gloriaba en su visión
del Señor. [Ver 2 Co. 11:23-28].
Cualquier hombre de Dios que está atado a esta tierra o
a las cosas de este mundo no ha visto nada. Si él tuviera
una visión de Cristo, si él estuviera en constante
unión con Cristo, él no podría predicar de
nada más. El se pararía ante las multitudes, proclamando:
¡Estimo todas las cosas como pérdida –todo
lo tengo por basura [estiércol]-! Es Cristo y Él
solamente. Él es todo; Él llena todas las cosas.
Él es toda mi vida.
Tal como sucedió a Isaías, el verdadero hombre de
Dios que ve al Señor, alto y sublime, caerá sobre
su rostro y llorará por sus pecados y los pecados del pueblo
de Dios. Entonces él será limpiado y purificado
e irá en el poder de su grandiosa visión a predicar
a Cristo.
Los
falsos profetas se interesaban mucho en el dinero
Dios
le advirtió a Israel: “Como zorras... fueron tus
profetas” [Ez. 13:4] En otras palabras, algunos no tienen
ni siquiera un simple ojo enfocado en Cristo, sino que tienen
los ojos llenos de avaricia. Despojan y roban la viña,
tomando lo mejor para ellos mismos. ¡Andan en sus propios
caminos, alimentando su propio ego!
Estos profetas que buscaban lo de ellos mismos, decían
y enfatizaban que habían oído la voz de Dios. Reclamaban
que era una palabra profética directamente del cielo. Dicen:
“Ha dicho Jehová, y Jehová no los envió;
con todo, esperan que Él confirme la palabra de ellos”.
[Ez. 13:6].
Las
multitudes del pueblo de Dios, quienes corren a acercarse para
oír mensajes tibios solamente necesitan tomarse un segundo,
y honestamente mirar y observar lo que están oyendo y creyendo.
“¿No
habéis visto visión vana, y no habéis dicho
adivinación mentirosa, pues que decís: Dijo Jehová,
no habiendo yo hablado?” [Ez. 13:7]
“por
cuanto engañaron a mi pueblo, diciendo: Paz, no habiendo
paz....” [Ez. 13.10].
Su mensaje era: Dios me ha dicho que todo está bien. No
hay problemas en los tiempos venideros. ¡Buenos tiempos!
No vendrá juicio o tribulación. El deseo de Dios
es que todos estemos felices, prósperos y descansadamente…
El Señor le llama a esto engaño.
Yo no creo que los ministros estén tomando suficientemente
en serio la tragedia de predicar el mensaje equivocado. ¡Cómo
nos atrevemos a predicar paz y buenos tiempos continuos e interminables,
a un mundo y a un pueblo que están al borde del juicio
de Dios! [Ver 1 Ti. 6:3-11].
El pecado de Israel estaba a punto de ser castigado en fuegos
increíbles de la ira divina.
Veamos
lo que Dios estaba tratando de decir a su pueblo: “Por tanto,
así ha dicho Jehová el Señor: Como la madera
de la vid entre los árboles del bosque, la cual di al fuego
para que la consumiese, así haré a los moradores
de Jerusalén. Y pondré mi rostro contra ellos; aunque
del fuego se escaparon, fuego los consumirá… cuando
pusiere mi rostro contra ellos. Y convertiré la tierra
en asolamiento, por cuanto cometieron prevaricación, dice
Jehová el Señor” [Ez. 15:6-8].
El pueblo rechazó la verdadera Palabra de Dios. Las masas
corrieron tras sus maestros para oír el mensaje engañoso:
-Dios no es esa clase de Dios. Él desea únicamente
lo mejor para todos nosotros. Gran paz y buenos tiempos están
por delante. No escuchen a los profetas que predican condenación.
Dios me ha dicho directamente desde su trono que lo mejor está
por venir- [Ver 2 Timoteo 4:1-4].
Yo te pregunto a ti: ¿Qué harán estos profetas
de la comodidad, cuando Dios comience a juzgar los pecados de
esta nación y les quite su pan y su plenitud? Piensa en
las multitudes de cristianos sinceros que no están preparados,
quienes deberían estar arrepintiéndose de su tibieza;
estar llorando por causa de su conformidad con el pecado y de
su avaricia; deberían estar dejando y abandonando todo
en vez de estar acumulando bienes materiales.
Gracias a Dios, el Espíritu Santo está levantando
un pueblo santo, que está harto de todos los ministerios
centrados en sí mismos, y su clamor es: “Queremos
ver a Jesús”.
El evangelio centrado en el hombre no puede perdurar mucho tiempo
más. Un tiempo de limpieza está por delante. Nos
estamos dirigiendo a fuegos de refinamiento. Mientras que los
cristianos tibios y avaros se echan a sus anchas a descansar en
sus lechos de quietud, comodidad y lujos; un remanente se separará
e irá en busca del Novio. Cristo se va a revelar al humilde,
al pobre de espíritu, y la verdadera Palabra de Dios fluirá
hacia otros con unción y poder. La unión con Cristo
se convertirá en la perla de gran precio.
II.
El verdadero hombre de Dios predica y practica el negarse así
mismo
¡Compara
esto con lo que los falsos profetas de la comodidad enfocan en
sus mensajes! Dios dijo de ellos: “Y Habéis de profanarme
entre mi pueblo por puñados de cebada y por pedazos de
pan… mintiendo a mi pueblo” [Ez. 13:19]. Una traducción
moderna a este versículo es: “Estos profetas tienen
dinero en sus mentes. El dinero les ha hecho mentirosos”.
He aquí un retrato completo de un profeta falso. Él
permite que su imaginación corra desenfrenadamente. Él
opera en la idea que la prosperidad durará para siempre.
Edifica sobre sueños y planes. Para hacerlo necesita dinero
–mucho dinero-. Su necesidad de dinero se convierte en el
enfoque de su ministerio. Él termina diciendo mentiras
al pueblo de Dios para conseguirlo. Entonces él lo contamina
todo diciendo: “Dios me dijo…”.
El mensaje de Jesucristo es dolorosamente directo: NIÉGATE
A TÍ MISMO Y TOMA TU CRUZ.
“Entonces
Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir
en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome
su cruz, y sígame” [Mt. 16:24].
Negarse así mismo ¡Qué concepto tan extraño
en estos días de tantos mensajes acariciadores y cómodos!
Estos profetas de la comodidad lo han rechazado por completo.
Negarse a sí mismo es el abandonar y renunciar a todo lo
que impide la presencia constante de Cristo.
No hay ningún mérito en negarse así mismo.
Somos salvos por gracia solamente. No se trata de ganar los beneficios
de Dios. Para negarse así mismo, quita todo lo que impide
tener una comunión constante con Cristo. Pablo dijo, “Sino
que golpeo mi cuerpo, [lo disciplino] y lo pongo en servidumbre,
no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a
ser eliminado” [1 Co. 9:27].
No estamos poniendo nuestros cuerpos bajo control; nuestras pasiones
y apetitos no están bajo sujeción. Programas sensuales
de televisión actualmente estimulan los apetitos carnales
entre los “cristianos” hacia la pornografía.
La lujuria y la sensualidad están casi fuera de control,
aun entre los “cristianos”. Casi a diario escucho
de pastores y hermanos que pasan horas viendo películas
y cassettes pornográficos.
Multitudes del pueblo de Dios, incluyendo predicadores del Evangelio,
desperdician un tiempo precioso ante el ídolo de la televisión.
Tal como Lot, nuestras mentes están siendo perturbadas
por las cosas que vemos y oímos.
La comida se está convirtiendo en el vicio de los creyentes.
No necesitamos cocaína o alcohol, tenemos una droga legalizada:
la comida. Nunca en todo el tiempo que tengo de convertido he
visto tantos cristianos con apetitos fuera de control.
La verdad más profunda acerca de negarse a sí mismo
va más allá de despojarnos de las cosas materiales.
Tú puedes vender tu televisión, huir de todos los
sonidos e imágenes eróticas, traer todos los apetitos
de la carne bajo control, y aún no haberte negado a ti
mismo.
Lo que Cristo está pidiendo, es una clase de devoción
hacia Él mismo, que eche fuera del corazón todo
lo que impide una profunda unión con Cristo. Es un compromiso
a convertirnos en absolutamente nada ante Dios y los hombres.
Es estar completamente dispuesto a decir como Pablo: “Ya
no vivo yo”, –es Cristo viviendo en mí–“
[Gá. 2:20].
El mundo deberá perder su encanto para nosotros. Debemos
morir a toda ambición personal –a todas las ataduras
de las cosas terrenales–, hasta que podamos decir honestamente:
“Yo estoy muerto a este mundo y todo lo que representa.
Ya no vivo yo”.
Físicamente vivo, ¡sí! Pero debo morir a todo
lo que impida mi visión y amor por Cristo. Cualquier cosa
que sea, deberá irse. ¿Lujuria, sensualidad, lascivia?
¿Planes de nuestro propio yo? ¿Amarguras, enemistades,
rencores, envidias, malos sentimientos?
¿Ansias
de reconocimiento? ¿Autoestima? Debo morir a todo esto.
Debo traerlo todo a la cruz y ejecutar un juicio de mi propia
persona.
¿Por
qué los cristianos que están a punto de morir se
separan tanto del mundo y de las cosas físicas y materiales?
Es porque la eternidad está a la vista. Todo palidece en
comparación al gozo que está por delante. ¿Por
qué no podemos vivir así todo el tiempo? ¿Por
qué no mantenemos nuestras mentes fijas en Cristo en todo
tiempo?
III.
Un verdadero hombre de Dios expone con atrevimiento santo el pecado
-¡él nunca encubre la maldad!-
Los
profetas de la comodidad no tienen fundamento de santidad sobre
el cual edificar. Ezequiel dijo: “...y será descubierto
su cimiento…” [Ez. 13.14].
Los profetas falsos estaban construyendo paredes con mezcla de
cal y arena sin consistencia, o sea como un lodo suelto, y pintadas
las grietas por encima con cal para blanquear las paredes.
Lo peor de todo, es que con su mensaje y la manera en que lo decían:
“entristecisteis con mentiras el corazón del justo...
y fortalecisteis las manos del impío, para que no se apartase
de su mal camino...” [Ez. 13:22].
Y ellos “fortalecieron las manos del impío”.
Dios les acusó de estar enviando al infierno las almas
por no hablarles contra el pecado. La ligereza en cuanto al pecado
únicamente los confirmaba más a seguir envueltos
en sus pecados.
Dios
no permitirá a ningún ministro del evangelio entristecer,
perturbar o afligir a sus escogidos y seguidores devotos y sinceros
sin su previo conocimiento. Pero tampoco permitirá Dios
que los profetas de la comodidad le llamen a lo malo, bueno, y
apapachen a los cristianos apóstatas que necesitan arrepentirse.
Ciertamente estamos llamados a predicar el Evangelio de gracia,
misericordia y perdón. Pero al hombre de Dios también
se le ordena -levantar su voz, hablar fuertemente y no detenerse,
para mostrarle al pueblo de Dios sus pecados–. “Clama
a voz en cuello, no te detengas; alza tu voz como trompeta, y
anuncia a mi pueblo su rebelión, y a la casa de Jacob su
pecado” [Is. 58:1].
¿Podrá
ser que no podamos levantar un patrón de santidad a causa
de la corrupción en nuestros propios corazones? ¿Podrán
nuestros propios pecados quitarnos ese atrevimiento santo de exponer
el pecado? ¿Estaremos pasando por alto los pecados de otros,
a causa de los pecados habituales en nuestros corazones?
¿Conoces
algún hombre de Dios que hable con determinación
contra el pecado? ¿Su mensaje proviene no de una moralidad
externa, sino de una profunda pureza personal? Entonces siéntate
y escucha su mensaje, porque él tiene la verdad que te
hará libre. Él es un verdadero profeta de Dios,
y hará a todos los profetas temblar y temer. Los profetas
de la prosperidad le despreciarán porque él camina
con la verdad en su interior.
¡Busca
este mensaje de Dios que haga a Cristo real en ti! Que te convenza
de tu tiempo desperdiciado y de que te estás volviendo
hacia las cosas de este mundo. Que te señalará y
te expondrá el pecado.
Los falsos profetas están edificando sus enormes paredes.
Ellos se ven muy exitosos y bendecidos. Pero Jehová dice:
“caerá; y enviaré piedras de granizo que la
hagan caer, y viento tempestuoso la romperá... Así
desbarataré la pared y la echaré a tierra”
[Ez. 13:11-14].
Dios nos ha dicho que en estos últimos días nuestros
jóvenes verán visiones. No de éxito, o prosperidad
o de grandes hazañas. Habrá una visión para
todos: ¡CRISTO!